Atipicidad endémica

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Atipicidad endémica

PULSO 

Eduardo Meraz

Dice el refrán popular: desde que se inventaron las excusas, se acabaron los pretextos; dicho asumido como propio por el oficialismo, que ha hecho de la atipicidad un mal endémico, con el cual resbalar todos y cada uno de sus fallidos actos de gobierno.

Como nunca la atipicidad de burlar la ley ha tomado carta de naturalización durante el actual régimen. Un día sí y al otro también, proceder sin respetar normas es el signo distintivo del gobierno cuatroteísta, que considera a la ley como un cuento de hadas, pero para los mexicanos es una pesadilla.

La anormalidad de violentar consuetudinariamente el Estado de derecho se ve reflejada en las diversas demandas domésticas de inconstitucionalidad a actos y disposiciones gubernamentales, así como a un buen número de litigios internacionales.

Las decenas de nombramientos sin cumplir los requisitos del marco jurídico o modificándolo a modo; el incumplimiento de la Ley de Obra Pública y la opacidad en las asignaciones de contratos son otras de las atipicidades que le “ocurren” a la administración del presidente totalmente Palacio Nacional.

Pero no sólo en materia legal se presentan estas rarezas, que por su constante aparición estarían formando parte de un plan perfectamente planeado, a fin de hacer quedar mal al oficialismo, aunque sólo unas cuantas de tales anomalías son denunciadas antes las autoridades.

Porque, ¿acaso no es motivo de sospechosismo que esas anormalidades hagan acto de presencia en casi todas las obras de infraestructura iniciadas en esta administración, encareciendo su costo al doble de lo presupuestado? Sin duda, se trata de complots y sabotajes encaminados a ridiculizar a las autoridades

Por ejemplo, ¿quién pone en duda lo atípico lo ocurrido en el proyecto de construcción de la refinería de Dos Bocas, donde no se consideró la adquisición de todo el equipo e insumos necesarios para llevar a cabo la refinación del petróleo? ¿O tal vez, sean los “duendes” que pululan por las oficinas públicas y el Congreso, haciendo de las suyas y modificar documentos?

Y ni qué decir de la triste historia del Sistema de Transporte Colectivo de la Ciudad de México (Metro), donde la incidencia atípica se volvió endémica, convirtiéndolo en un medio en condiciones deplorables al poner en riesgo la seguridad y la vida de los millones de usuarios.

O en el mejor de los casos, los sistemas educativo y de salud, cuyas anomalías o irregularidades terminan por desvanecer los apoyos vía programas sociales, al obligar a sus beneficiarios a destinarlos a cubrir la deficiente cobertura a la que está obligado el gobierno.

Todo ello ha terminado por volverse un sinfín de adiposidades en la marcha de las administraciones morenistas, tanto a nivel federal como estatal y municipal, donde las fallas, los errores, la insuficiencias e ineficiencias se han vuelto endémicas, “modito” que, al parecer es premeditado, con miras a acostumbrar a los mexicanos a un estilo de vida de carencias.

A pesar de las migajas repartidas entre supuestamente 30 de 35 millones de familias mexicanas, es tal el cúmulo de atipicidades que para lo único que han alcanzado es para enriquecer mayormente a los más ricos del país, los cuales forman parte del consejo asesor del presidente sin nombre y sin palabra.

Así, lo endémico consiste en favorecer a los más ricos y empobrecer al resto de la población; situación verdaderamente atípica para un gobierno que pregona a los cuatro vientos: primero los pobres.

He dicho.

 

EFECTO DOMINÓ

Para todo mal, la Guardia Nacional y para todo bien, también.

 

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