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Falsos, falsarios y falsetes

PULSO

Eduardo Meraz

Agobiado por los humos del hashtag y la masiva concentración de defensores de la democracia, el presidente totalmente Palacio Nacional siente en carne viva cómo el poder se le va de las manos y lanza sus ya muy manidos denuestos al aire.

Por todos lados, tanto él como el cuatroteísmo todo, buscan asideros para tratar de amortiguar la caída de su credibilidad y popularidad. La angustia, provocada por la posibilidad de una derrota, los lleva a caer en falsedades, a convertirse en falsarios consuetudinarios y a adoptar las cotidianas posturas tipludas de víctimas.

Advierten del alud de señalamientos públicos de corrupción y asociación con grupos delincuenciales que se les viene encima, por lo cual empieza a cundir el desasosiego y la desesperación.

Y lo mismo recurren a falsos señalamientos al acusar a autoridades electorales, con argumentos falsarios, al tiempo de solicitar su intervención por una supuesta guerra sucia contra el ejecutivo y su bastonera, cuando el morenismo ha sido, es y será el principal infractor de las reglas.

Además de las consabidas y muy manidas diatribas del habitante temporal del palacete virreinal, luego de la demostración ciudadana el pasado domingo, trata de presumir el mayor número de veces que llenaron el Zócalo en la capital del país, que sentían como territorio exclusivo y que ya les fue arrebatado.

Es tal la zozobra en el cuarto de guerra de Morena que la bastonera Claudia Sheinbaum cae en contradicciones evidentes. Primero cita una encíclica del Papa Francisco para mostrarse conciliadora, en busca de una “beatificación electoral”.

Pero después de la demostración del 18F, calificó de falsos e hipócritas a quienes se abarrotaron la Plaza de la Constitución. Y más adelante, después del llamado a la civilidad que hizo la Conferencia del Episcopado Mexicano, dijo estar de acuerdo con ese exhorto, porque tiene que ser una campaña de propuestas y no de guerra sucia.

Sin embargo, la propuesta del mandatario palaciego y la ya candidata guinda es llevar a cabo una elección de Estado, encabezada por el ejecutivo en su degradado papel de jefe de campaña, aderezada con recursos públicos y aquellos provenientes de quienes realizan actividades ilícitas.

Y en el colmo de la desesperación, con ese tono característico de falsete chafa, el ex ministro de la Corte, Arturo Zaldívar, asegura que el ejecutivo sin nombre y sin palabra “decidió quién iba a ser la candidata del grupo conservador y una vez que fue candidata, pues nos damos cuenta que no tiene ningún contenido, que no tiene ideas.

“El presidente le impuso la candidata a Claudio X González, haciéndoles creer que era un fenómeno… pero sigue estando muy débil, no va a llegar más allá del grupo al que siempre han llegado y van a perder y van a perder muy feo porque el pueblo de México no quiere volver al pasado”.

Tales manifestaciones destempaldas del presidente, de la chica de la cola de caballo y del “asesor swiftie” indican el grado angustia, pesar y terror que recorre, como fantasma, los pasillos de Palacio Nacional. Y cuando despertaron, la pesadilla del Zócalo rosa seguía ahí.

He dicho.

 

EFECTO DOMINÓ

«Señor presidente: le recuerdo que usted ya no estará en la boleta electoral. Si usted es un demócrata, debe estar preparado para su derrota. Por respeto a su candidata, por respeto a la democracia, por respeto al pueblo, ¡saque ya las manos de esta elección!”: Xóchitl Gálvez.

 

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