Blog Post

Febrero y los vientos… juaristas

PULSO

Eduardo Meraz

En uno más de sus desplantes, ocupa Palacio Nacional cual si fuera una cantina para lanzar su balandronada: “el viento me hace lo que a Juárez”, como si con ello pudieran olvidarse las desgracias causadas durante su gobierno e intimidar a sus críticos.

Tal expresión tiene larga tradición entre los mexicanos, como una manera de mostrar una no muy consolidada hombría ante las adversidades. Su utilización reiterada, como lo ha hecho el presidente palaciego en fechas recientes, es un recurso a fin de ocultar temores e inseguridades.

Así se dejó ver en una gira donde se le vio tambaleándose, sin poder sostenerse con firmeza; síntoma inequívoco de mengua en la fortaleza corporal y, muy probablemente, política, ante las publicaciones de actos de corrupción en su círculo familiar y sospechas de haber recibido financiamiento de la delincuencia organizada, tanto de fuera como dentro de su gobierno.

La temporada de fuertes vientos, cargados de malas nuevas por su gestión presidencial, está lejos de terminar en los próximos días y semanas. Según la meteorología política, este periodo puede prolongarse incluso después de terminar su mandato.

El rosario de pendientes y agravios, a siete meses de la fecha de caducidad de su encargo, es grande y lo sabe, por lo cual está decidido a hacer todo lo necesario -lícito o ilícito- para preservar el poder, ya sea por él directamente o vía su bastonera, antes de que los vientos democráticos lo derriben.

Aun cuando es vistoso y entretiene al respetable, atacar a periodistas y medios de comunicación únicamente confirma su falta de tamaños para encarar a los pesos pesados del conservadurismo, de la minoría rapaz de los que tantos beneficios ha obtenido.

Su comportamiento destemplado sobre todo en este mes de febrero, a punto de concluir, en buena medida obedece al retiro parcial o total de aliados cada vez más notorio, ya sea entre los machuchones y de parte sectores amplios de la población.

En el caso de la Ciudad de México -como el mismo habitante temporal del palacete reconoció- ya no es sólo en la colonia Del Valle, sino se ha expandido a buena parte de la capital del país, como quedó demostrado desde 2021 y, al parecer, la falta de empatía con el cuatroteísmo se extenderá en 2024, más allá de la CDMX.

Los vientos juaristas han cambiado de dirección, ante el cúmulo de sepulcros y violencia predominantes en grandes extensiones del territorio nacional. Los asesinatos de políticos, dos decenas desde el inicio del actual proceso electoral, incluidos algunos de Morena, deben interpretarse como un aviso de inconformidad hacia las autoridades en funciones.

Según parece estamos a un tris de parafrasear el título: “¿Quién le teme a Virginia Wolf?”, de Edward Albee, obra difícil de montar e interpretar en el teatro en atril mañanero.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la “pobreza laboral”, a fines de 2023, afecta a 37 por ciento de toda la población. Es decir, a pesar de los aumentos significativos al salario mínimo, 49.6 millones de personas en el país no contaron con ingresos laborales suficientes para cubrir el costo de la canasta alimentaria.

Por este tipo de informes, como el de otros organismos autónomos, se les quiere desaparecer para que sólo existan “los otros datos”.

[email protected]

@Edumermo